Instituto de Terapeutas Florales

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Sobre el amor

Dr. Edward Bach (Escrito el 13 de diciembre de 1933, en Cromer, Norfolk)

Sobre el amor

Lo que llamamos amor es una combinación de ambición y de temor, es decir, deseo de tener más y miedo a la pérdida. Por lo tanto, lo que llamamos "amor" debe ser ignorancia.


El verdadero amor debe ser infinitamente superior a nuestra comprensión corriente, algo tremendo, la completa negación del ser, la pérdida de la individualidad en la unidad, la absorción de la personalidad en el todo.

Por eso, parece que el amor es lo que se opone perfectamente al Yo.

Cuando entendamos estos términos, las enseñanzas de Cristo, ya no serán parábolas para nosotros, podremos entenderlas. El Amor, de alguna manera, parece ser servicio combinado con sabiduría.

Hablamos de "amor" cuando alguien nos da algo, porque satisface nuestro ávido deseo por tener más, y hablamos de "odio" cuando alguien nos quita algo, porque estimula nuestro miedo a la pérdida.

Cuando nos demos cuenta de que no tenemos nada que perder en este mundo, sino todo para ganar, entonces no podremos conocer el odio y seremos capaces de "amar a nuestros enemigos", en el verdadero sentido de la palabra.

El verdadero amor a Dios o a nuestros semejantes parece ser el deseo de servir sin esperar recompensa.

Es probable que lo más cerca que lleguemos en nuestra comprensión del amor sea en el amor por lo inalcanzable, las puestas de sol, las noches estrelladas, la música, y la belleza de las montañas y de las praderas.

En el fondo de nuestro corazón debemos saber que nuestros enemigos son aquellos que ceden ante nosotros, porque al hacerlo nos atan, con una atadura casi imposible de romper, y debemos agradecerles que se esfuercen por liberarse.

Cualquier persona a la que podamos influir, controlar o dominar es un peligro para nuestra libertad. Es lo mismo si nuestra influencia nace del amor, del poder o del miedo o lo que sea que consiga esa persona de nosotros.

Nuestra alma debe agradecerles a todos aquellos que se nieguen a ser nuestros servidores, ya que esto nos priva a ellos y a nosotros de nuestra individualidad.